El Barça certificó este fin de semana la conquista del cetro liguero, un alirón más que justo como lo demuestra el hecho de que los azulgranas ocuparán la primera plaza de la clasificación de la primera a la última jornada.
Una primera vuelta sensacional en la que sumó 55 de los 57 puntos posibles, unido a la irregularidad del Madrid, hizo que a finales de diciembre la Liga estuviera más que sentenciada. El Madrid mejoró en la segunda vuelta, pero fue demasiado tarde para poder alcanzar al Barça, que eso sí, poco pudo aflojar para evitar el nerviosismo y un mayor acoso blanco. A pesar de la aparente comodidad de ésta conquista, no le faltaron dificultades al conjunto azulgrana, especialmente significativas las acontecidas fuera del terreno de juego. Pero las enfermedades de Abidal y Tito Vilanova no fueron escollos suficientes para descentrar a los azulgranas de su persecución liguera, y, por suerte, volver a ver a Abidal saltar al terreno de juego y a Vilanova a dar órdenes desde la banda fue el mayor triunfo de todos.
En lo puramente deportivo, Messi volvió a ser la pieza determinante para decantar el título para los azulgrana. Leo siguió demostrando que es el número uno, y mientras el argentino vista de azulgrana y no sacie su sed de victorias, el Barça habrá hecho gran parte de los deberes para seguir sumando títulos.
El campeón ya está decidido, pero la emoción liguera sigue intacta. Falta saber qué equipo acompañará a Barça, Madrid y Atlético a la Champions, pero por encima de todo falta asignar las plazas de descenso. Una lucha que será sin cuartel y que durará hasta el último minuto.









